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Destino: Casablanca

5 de la tarde de un viernes de Junio. Avión de easyjet con destino Casablanca. El sirio que hay sentado a mi lado se sorprende porque voy de turismo. Él es empresario y va a la capital económica de Marruecos por negocios. Yo voy porque conozco el norte bastante y quiero comparar. Al igual que la Eastcoast-Westcoast, en Marruecos existe la competencia Norte-Sur y además tengo realmente curiosidad por saber cómo es la ciudad de procedencia de mis amigos árabes.

El truco para viajar allí es ir acompañado por alguien nativo. En Casa (como ellos la llaman) nos espera Boubkher, que pronto nos lleva al hostal:  en plena Medina con vistas al más importante puerto del país que pronto será desbancado por el que están construyendo en Tánger .20€ la noche dos personas con desayuno y “barra libre de té”. Me asombra descubrir que el té de Casablanca es diferente al que preparan en Tánger.

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Por lo que conozco de este país, el té es algo social y aunque jamás desecharía una invitación, negarse a ello es poco menos que una muestra de mala educación. Te + shawarma (que no kebap) +shisha (que no cachimba)

En toda ciudad marroquí importante existe la zona de la Medina: un recinto laberíntico con tiendas donde regatear para conseguir desde el yogourt más natural servido por el propio fabricante hasta el último par de zapatillas Nike que han sacado al mercado. Siempre hay que dejar hablar a Boubker. Somos extranjeros y se supone que tenemos mayor poder adquisitivo.

Las  afueras de la Medina es otra cosa: las calles me recuerdan a las ciudades de playa de la Costa del Sol, con sus palmeras, sus Mc Donald’s y sucedáneos, aunque los olores son otros y hay hombres mayores ataviados con sus chilabas sentados por todos lados charlando al fresco (y es que al llegar la noche todo el mundo sale a la calle! )

Planeamos el sábado: alquilar un coche para ir a Rabat, la capital de Marruecos. Tenemos suerte porque un amigo de Boubker nos alquila  con un permiso estadounidense.

Rabat está a 95 kilómetros por una carretera bastante aceptable en la que comprobamos que conducir es todo un arte: las líneas contínuas, los límites de velocidad, las señalizaciones …son disuasorias.

Hay un montón de asentamientos de casas esparcidas. Barrios pobres junto a barrios ricos separados por una sola calle. Eso también tiene su encanto (de día).

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La entrada a Rabat está amurallada y desde el coche compruebo lo diferente que es a Casablanca: las calles están más cuidadas, avenidas y mezquitas por doquier y el palacio es tan grande que tengo aún la impresión de que medio Rabat es parte de él. Visita obligatoria: el Mausoleo de Mohammed V. En una explanada frente al río, una plantación de columnas con la antigua torre de Hassan coronando el circuito. Las vistas al río son impresionantes, la arquitectura un verdadero trabajo de orfebrería. Pasamos la tarde paseando. Una curiosidad de Rabat: no preguntes la direcciones porque siempre te lo dirán mal a propósito. O al menos eso dicen los de Casa…

De vuelta a Casablanca paramos en Mohammedia, de reciente creación, me recuerda demasiado  a las urbanizaciones de Marbella. La gente aquí parece más europea, las niñas van vestidas de Zara, los cafés parecen Starbucks y los chalets demasiado ostentosos.

Por la noche visitamos la zona de discotecas de Casablanca, a las afueras. Centros comerciales, coches descapotables, música europea remezclada con sonidos árabes .Todo muy lujoso.

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Acabamos la noche en el pequeño restaurante de las afueras regentado por un amigo de Boubker con el que toca el didgeridoo (estoy totalmente segura de que darán que hablar en el próximo festival de Casablanca del 15 al 18 de Julio con Sean Paul y Missy Elliott incluidos). Es la primera vez que lo oigo en directo y la mágica atmósfera que crea en esa pequeña calle entre el silencio de la noche y los gatos maullando, me hace sentir inmersa en “Las Mil y Una Noches”.

Y para poner el broche final del viaje, visita a la impresionante mezquita de Hassan II; maravilla de la arquitectura construida sobre el agua. Es la segunda más grande después de La Meca con su minarete de 200 m. de altura. El techo se abre de forma automática y el recinto entero…no hay palabras para explicarlo. Las mujeres tienen su puerta propia.

Está claro, otro fin de semana de estos, me escapo.

Si Galicia es morriña, Marruecos ¿qué será?

Eva Casanueva



  1. [...] This post was mentioned on Twitter by David aiSHO Rivilla. David aiSHO Rivilla said: RT @24siete: Una de viajes: esta vez toca Casablanca. Sólo en 24siete!! http://bit.ly/bMgDNw [...]


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